La memoria funda siempre el mañana.
Por Subcomandante Marcos
(Estas fueron las palabras del Subcomandante Marcos que escucharon,
por vía telefónica, los miles de personas que asistieron
el sábado al acto en
repudio al último golpe militar.)
Ejército Zapatista de Liberación Nacional, México,
24 de marzo de 2001, 18 horas, hora de México.
A los niños, niñas, ancianos, ancianas, jóvenes,
jóvenas, hombres y mujeres de la Argentina, América
latina, Planeta Tierra.
Hermanos y hermanas:
Aquí México Zapatista, allá la digna Argentina.
Les habla el Sub. Marcos, a nombre de todos los hombres, mujeres,
niños y ancianos del Ejército Zapatista de Liberación
Nacional.
Queremos aprovechar que los hermanos y hermanas de Argentina nos
dan la oportunidad de decir nuestra palabra en este acto que sirve
para darle a la verdad y a la memoria el lugar que merecen. Porque
hay y ha habido quien creyó y cree que asesinando personas,
asesina también los pensamientos y los sueños que
a veces son palabras y a veces son silencio. Quien así cree,
en realidad teme, y su temor ha sido el rostro del autoritarismo
y la arbitrariedad. Y en la resaca de la sangre busca la máscara
de la impunidad y el olvido. No para que todo quede atrás
sino para asegurarse de que podrán de nuevo hacer actuar
el temor sobre los que les son diferentes. Nuestros más antiguos
nos enseñaron que la celebración de la memoria es
también una celebración del mañana. Ellos nos
dijeron que la memoria no es voltear la cara y el corazón
al pasado, no es un recuerdo estéril en que había
risas o lágrimas.
La memoria, nos dijeron, es una de las siete guías que
el corazón humano tiene para andar sus pasos. Las otras seis
son: la verdad, la vergüenza, la consecuencia, la honestidad,
el respeto a uno mismo y al otro, y el amor.
Por eso, dicen, la memoria funda siempre el mañana, y esa
paradoja es la que permite que en ese mañana no se repitan
las pesadillas, y que las alegrías, que también las
hay en el temario de la memoria colectiva, sean nuevas.
La Memoria es sobre todo, dicen nuestros más primeros, una
poderosa vacuna contra la muerte y alimento indispensable para la
vida. Por eso, quien cuida y guarda la memoria, guarda y cuida la
vida, y quien no tiene memoria está muerto.
Quienes arriba fueron poder, nos heredaron un montón de
pedazos rotos, muertes aquí y allá, impunidades y
cinismos, ausencias, rostros de historias desmoronadas, desesperanzas.
Y ese montón de escombros es lo que nos ofrecen como tarjeta
de identidad, de modo que decir "Soy" y "Somos"
sea una vergüenza.
Pero hubo quienes fueron y son abajo. Ellos y ellas nos heredaron,
no un mundo nuevo, completo y acabado, pero sí algunas claves
y pistas para unir esos fragmentos dispersos, y el armar el rompecabezas
del ayer, abrirle una rendija al muro, dibujar una ventana, construir
una puerta.
Porque es bien sabido que las puertas fueron antes ventanas, y
antes fueron rendijas, y antes fueron y son memoria. Tal vez por
eso temen los de arriba, porque quien tiene memoria en realidad
tiene en su futuro una puerta.
Somos muchos y muchas los que al buscar la memoria estamos buscando
parte de nuestro rostro. Quien nos pide que olvidemos, nos pide
que sigamos incompletos, usando las prótesis que el poder
oferta.
Este día en Argentina, en México y en otras partes
del mundo, hay muchos y muchas guardianes de la memoria reuniéndose
con una ceremonia tan antigua como la palabra: la del conjuro del
olvido y la desmemoria, la de la historia.
Hoy, quienes tienen a la Argentina como Patria, nos enseñan
que quien camina la memoria, en realidad camina a la vida. Y queremos
que todos y todas ustedes sepan que escuchamos sus pasos, y que
al escucharlos recordamos que el principal atributo del ser humano
sigue siendo la dignidad.
Digna Argentina, los Zapatistas de México te saludan.
Vale.
Salud, y que nunca más la estupidez se permita democratizar
el miedo y la muerte.
Desde la ciudad de México,
Subcomandante insurgente Marcos.
Post-data: no se acaben el churrasco porque siempre me dejan la
pura salsa chimichurri. Con el mate pueden proceder a discreción,
pero no se acaben las empanadas. Nos vemos luego... en la calle
de Corrientes para echarnos una cascarita de fútbol y tararear
un tango, porque la memoria también se guarda en el juego,
la música y el baile.
Vale pues, y adiós.