Cuando ves pasar el tren.
De Malena Tytelman

Cecilia Dopazo en el acto de lanzamiento teatroxlaidentidad 2002
(Fotografía de Martín Zabala)
¿Viste cuando estás parado en el andén, y
ves pasar el tren? Si mirás un poco, de repente pasa delante
tuyo una catarata de caras. El tren se termina de golpe, y es así
como un arrebato, y de todas las caras que viste hay un par que
te quedan grabadas. Grabadas en detalle, por lo menos por un rato,
porque ésas son las caras a las que les encontraste algo...No
sé...No es tan fácil de explicar. Yo no iba buscando,
pero miraba.
Lo que no faltaba nunca en mi casa eran argumentos para convencer,
para no dejar lugar a las dudas. Y yo tenía ganas de creer.
O alguien baja del tren, y cuando ver irse a esa chica de pulóver
rojo descubrís algo conocido en la forma de caminar, de mover
la cintura, algo a veces como exagerado, así...como camino
yo. Y a mí me dolía, sin saber bien por qué,
ver cómo la del pulóver se alejaba.
A los dieciséis años me enteré. Me decían
que sí, que era verdad que era adoptada, pero que no me habían
dicho nada para cuidarme. Para cuidarme. Yo les quería creer.
O cuando estás sentado dentro del tren. En un momento, de
tanto mirar, entre ese mar de caras, ves a alguien que se acomoda
un mechón de pelo detrás de la oreja. Pelo lacio y
oscuro. Como el mío. Me pasaba de estación. Me olvidaba
de bajarme mirando una oreja.
Me decían que mis padres biológicos me habían
abandonado. Que nadie me reclabama. Que no podía esperarse
nada de alguien así, que abandona a un hijo. Y yo todavía
tenía ganas de creer.
Cuando encontré mi identidad, y me encontré a mí
y a mi familia, abuelas, primos y tíos que sí me buscaban,
cambiaron de sentido mis viajes en tren. Ahora, si miro una cara
es porque me gusta, o porque algo de ella me llama la atención,
o porque descubrí que me encanta mirar a la gente. Cambiaron
de sentidos mis viajes. Dejé de buscarme en los pasajeros.
Empecé a disfrutar de verlos a ellos, sin verme sólo
a mí.